Con la finalidad de desarrollar la investigación, se propone una serie de ámbitos de estudio que se consideran prioritarios para analizar las diferentes prácticas que componen la constelación de experiencias orientadas a la constitución de modos de vida no alineados con el modelo imperante propuesto. No se trata tanto de realizar una investigación exhaustiva de cada una de ellos, sino de extraer de estos contextos propuestas que se ajusten a la definición establecida en la descripción general del objeto de la investigación. Las áreas serán: La condición performativa, la construcción y propagación de narraciones alternativas, la utilidad del arte y los modos de producción simbólica popular.

La condición performativa

Si se observa cierta parte de la producción artística contemporánea se pueden encontrar innumerables casos donde existe una voluntad de intervenir en aquello que denominamos realidad, construyendo las condiciones para la aparición del acontecimiento. Dicha posición parece estar animada por la voluntad de transformación de las coordenadas básicas en las que discurre la vida. Más allá de la conversión de estas experiencias en mercancía artística, a través de su documentación, se puede inferir unos modos de hacer que plantean la urgencia de la vinculación del arte con la praxis vital e incluso, en determinados casos, de la superación de la condición reificadora a la que a menudo se ven sometidas las prácticas adscritas a la categoría arte. Desde luego esto no es nada nuevo, en cierto sentido estas posturas están vinculadas a la vieja aspiración vanguardista de dilución del arte en la vida.

En este sentido, desde que las vanguardias artísticas establecieron un escenario de ruptura disciplinar, allá en los albores del siglo XX, de transformación de la práctica artística y de la vida fundiéndose en una totalidad, la condición de lo performativo ha adquirido una importancia capital en aquellos modos que han pretendido construir una alternativa al arte inserto en las lógicas institucionales y mercantil, con un carácter crítico o, incluso, emancipador. Se puede trazar una genealogía en la que lo performativo, en principio propio de las artes escénicas, se infiltra en el territorio del arte de vanguardia y contemporáneo. Así, desde las sesiones dadaístas del Cabaret Voltaire, El teatro de la crueldad de Antonin Artaud, hasta las prácticas recientes del arte de acción y la performance, en todos sus formatos, pasando por el happening de la década de los sesenta del siglo pasado que encuentra su vinculación más clara en el Teatro de los acontecimientos de Tadeusz Kantor, podemos rastrear esta condición.

Lo performativo, y más concretamente la promoción del cuerpo, de una buena parte de las prácticas artísticas actuales, bien podrían encontrar su razón de ser en la respuesta que desde cierto ámbito del arte contemporáneo se ha dado a la situación de las sociedades occidentales contemporáneas fundamentado en la virtualización y abstracción de la experiencia, propia del progreso de una lógica paneconómica como agente estructurante de aquéllas.

La construcción y propagación de narraciones alternativas

La importancia que ha cobrado lo político en el arte contemporáneo es innegable. Desde las posiciones de análisis y crítica hasta el artivismo, desde el contexto artístico se han planteado otros modos de tratarse con los asuntos de incumbencia social que plantean maneras de narración de la realidad que difieren de las suministradas por el aparato medial predominante. La eficacia de estos intentos, sin embargo, ha sido cuestionada de forma certera en numerosas ocasiones como en el caso de Jacques Rancière en Las paradojas del arte político. En este escenario problemático la presente línea propone una manera de tratarse con lo político que implique cierto desbordamiento de la noción arte en la definición de narraciones alternativas y vías de propagación de las mismas, tanto en una dimensión comunicativa como por la acción directa sobre la realidad.

Se atenderán aquí a iniciativas que partiendo, en principio, de lo artístico superen esa condición para incardinarse en un espacio de contribución a la transformación de las formas de vida. En este sentido, se analizarán los mecanismos propagandísticos que una parte del arte contemporáneo ha utilizado a tal efecto, como herramienta útil para la transformación social, tal como sostiene Boris Groys en Art Power.

La utilidad del arte

En los discursos del arte contemporáneo reciente se ha insistido en el asunto de la utilidad del arte. Si bien en las manifestaciones que en este ámbito se han producido, existen distintas variantes, la presente línea propone un acercamiento a ciertos usos del arte que, con carácter general, se aleja de las mencionadas iniciativas que, en su mayoría, quedan finalmente relegadas al territorio artístico.

Se investigaran aquí planteamientos que invierten los procesos por los cuales el arte útil, habitualmente, ha tratado de devolver el uso de aquél desde su propia especificidad. De modo tal que se sitúe en un escenario donde la utilidad estribe en el desplazamiento del territorio del arte hacia la praxis vital.

En las prácticas de arte útil, aun afectando a aspectos concretos de la vida, puede encontrarse que dichos efectos quedan en buena parte recluidos en el terreno simbólico del arte. Esta circunstancia produce una situación en la que la práctica artística, finalmente, no se ve transformada en términos de producción, distribución y recepción. Lo que incide en un mantenimiento de las formas tradicionales de mercantilización e institucionalización del trabajo artístico. Lo que esta línea propone es una forma distinta a la descrita para tratarse con la noción de utilidad. Así, se considera adecuada una vía en la que objetos convenientemente “artistizados” puedan retornar al territorio de su valor de uso sin, por este motivo, perder su condición de reflexión artística.

Los modos de producción simbólica popular

Desde diferentes ámbitos del arte contemporáneo, en las últimas décadas, se han articulado propuestas que, de un modo más o menos explícito, han incluido tácticas asociadas al juego, lo festivo o lo carnavalesco, con la finalidad de constituirse en prácticas de carácter político-social. Desde las posiciones del arte relacional hasta los intentos de vinculación de lo artístico con eventos de carácter festivo-reivindicativo pasando por la apropiación y diseño de espacios de ocio ciudadanos, en proyectos Community Based-Art, existe un abanico diverso de planteamientos dirigidos hacia unos postulados de un arte de estirpe emancipadora. En este sentido, estas tentativas, asociadas de forma clara con la máxima vanguardista de diluir el arte en la vida, han transitado, en su mayoría, en un terreno pretendidamente intermedio entre estos dos territorios.

Resulta difícil, en cualquier caso, no percibir ciertas dificultades propias de este tipo de posturas artísticas, a la hora de considerar su incidencia en los ámbitos de lo político y lo social, en lo relativo a su inserción dentro de la categoría arte. Han acontecido, desde hace tiempo, numerosos debates en el seno del arte contemporáneo que han señalado que, en numerosas ocasiones, el tipo de prácticas artísticas a las que aquí nos referimos se han apropiado (recuperado en términos situacionistas) de los modos y saberes populares, relativos al juego y lo festivo, para su transformación en objetos artísticos mercantilizados y/o institucionalizados. Circunstancia ésta que ha propiciado la desactivación del potencial político-social de las genuinas expresiones emanadas de las distintas comunidades.

El objeto de esta línea es la de analizar expresiones populares de construcción simbólica, generalmente asociadas al juego y a lo festivo, que por situarse en un espacio próximo a los límites de lo artístico se pueden constituir como espacios de ensayo de formas de vida alternativas, sin las hipotecas que impone el núcleo duro del sistema arte.