Cecilia Cameo. Presentacion de líneas de investigación

Edición

2019

Esta investigación surge como anhelo de la experiencia propia. Yo, como artista, he considerado la mudanza de territorio como principal fuente de enriquecimiento del imaginario mucho antes de leer a Bourriaud o de ni siquiera conocerlo. Si bien es cierto que soy joven -y millenial-, he vivido en diferentes sitios, -que no son muchos ni pocos: soy de Zaragoza, estudié Arte entre Bilbao, Granada y Barcelona, y ahora resido en Madrid-, y he visitado otros tantos -los cuales ya no mencionaré-.

Mi sitio preferido no fue niguno, y al mismo tiempo todos; será por esa sensación de la que hablan muchos intelectuales en la que dicen que el ser humano siempre quiere estar ahí donde no está. O quizá es mucho generalizar, pues conozco a muchos seres humanos -valga la redundancia- que están bien donde están. Sea como fuere, la conclusión no es más que una reflexión, una meditación en voz alta sobre aquello que aporta cada territorio, sobre lo que de manera inconsciente se absorve y arrastra, y sobre las cosas que ahí suceden. El yo, habitante curioso como un espectador en el teatro. El yo como aquel que conoce al otro a partir de la observación.

Pero la movilidad, el nomadismo y los flujos se desarrollan en un tiempo, además de en un espacio, y aunque estas experiencias son asimiladas a posteriori, cuando ya son parte del pasado, uno siempre las vive desde su propio presente. Así pues, mi presente pertenece a un mundo globalizado, tecnológico e inmediato, lo cual influye directamente a la razón y el modo en que la sociedad se moviliza, a como registra y comparte su movilización y al nivel de repercursión que tiene esa experiencia en la construcción de aquel que se mueve y observa.

Arte, viaje y tecnología son expuestos en forma de triángulo, cuyo centro es el presente, protagonista que articula todos los elementos que conforman y nutren el producto final, que es la obra, la práctica artística.