Relato: El maravilloso mundo del circo (del arte contemporáneo)

Edición

2019

1. Madruguers

La paloma. Chicho Sánchez Ferlosio


‘La Paloma’ es un canción incluida en ‘Canciones de la resistencia española’, un disco de Chicho Sánchez Ferlosio, grabado en su casa entre 1963 y 1964 y publicado en 1974.

Soy un hombre del pueblo
harto de trabajar.

Con​ hombre de pueblo ​Chicho se refiere una clase social a la que apela por un sentimiento de pertenencia, no por nacimiento. Porque él nace en Madrid en 1940, hijo de uno de los fundadores de la falange, es decir, pertenece a una familia bien posicionada y recibe una buena educación.

Mi vida es el trabajo, paloma,
pero me pagan mal.

En ese momento Chicho tenía 22 años, y ya había escrito un libro y tenía un hijo. Cuando canta “mi vida es el trabajo” parece referirse a la conciencia adquirida de que la cotidianidad se basa enn la búsqueda de dinero para subsistir. Sin embargo, la remuneración no solía ser suficiente para conseguir una vida digna.

Fijaos que en estos versos aparece por primera vez, el apelativo, paloma.

Las leyes están hechas
a favor del patrón;

En la concepción marxista las “fuerzas productivas” eran tres: “la fuerza del trabajo”, “los medios de producción” y la “materia objeto de transformación”. El patrón era dueño de estas fuerzas. Chicho se lamenta de que el poder legislativo favorece este sistema de privilegios.

la ley no escucha al pueblo, paloma,
aunque tenga razón.

Esta canción fue escrita en mitad de la dictadura militar franquista. Los legisladores de un estado autoritario no escuchan, solo reprimen, ordenan y actúan siempre en favor de un pequeño grupo autoproclamado dueño de la razón. Así, la ley se convierte en un instrumento durísimo y violento de control social.

Que no, que no, paloma, no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.

Que no, que no, paloma, no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.

El deber del trabajo
dicen que tengo yo.

¿Quién es el sujeto de ese dicen? ¿Quiénes lo dicen? Podríamos ponerle nombre a las instituciones que en aquel tiempo legitimaban el deber del trabajo en pro del orden social: La iglesia, la escuela, el ejército.

De mis deberes hablan, paloma,
de mis derechos no.

En España, hubo que esperar hasta 1978, para leer en papel oficial que “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.

Pero nos uniremos
contra la explotación;

Aquí Chicho utiliza dos palabras claves: el verbo unir, y el sustantivo explotación. Intuimos que está pensando en la organización por parte de los trabajadores en torno al movimiento sindical, que luchaba desde hacía décadas por defender los intereses comunes de los trabajadores.

la fuerza de los hombres, paloma,
siempre será la unión.

La canción pone su esperanza en la unión. En este sentido, nos acordamos de los modos de lucha colectiva del sindicalismo, que basa sus estrategias en tres ámbitos: la huelga, como mecanismo colectivo de presión; la negociación colectiva cuando articula sus reclamos con las patronales; y el diálogo social con todas las partes.

Que no, que no, paloma, no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, paloma, no,
que así que no trabajo yo.

Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.

Nos juzgan y condenan en nombre de la paz,
A partir de 1939, la dictadura era radicalmente incompatible con unas organizaciones obreras independientes y con la misma noción de conflicto social. Al Estado se le asignaba la tarea de asegurar la armonía de la «comunidad nacional española» a través de un conjunto de instrumentos que incluía normas, instituciones, organizaciones y políticas sectoriales, que efectivamente se elaboraron y desplegaron en los primeros años de vida del franquismo.

cada vez que pedimos, paloma,
justicia y libertad.

Sin embargo, pronto se puso de manifiesto la dificultad de conseguir la absoluta y definitiva ausencia de conflictos rompedores de la deseada «armonía social». Incluso en los años de mayor brutalidad represiva, el régimen franquista no logró la desaparición de núcleos organizados de los
partidos y sindicatos proscritos.

Pero la paz tú eres
y con ellos no estás,

Chicho le dirige toda la canción a Paloma. En estos versos nos desvela que se refiere a la paloma de la Paz, una figura bíblica -en el relato del Arca de Noé, es la encargada de ver cuál era el estado del mundo tras el diluvio universal-, y que fue usado como símbolo de la paz después de la segunda guerra mundial.

que vuelas con nosotros, paloma
paloma de la paz.

En 1949, Pablo Picasso participó en el Congreso Mundial por la Paz que buscaba la reconstrucción tras la Guerra. El pintor dibujó para el cartel del congreso una paloma reposando en el suelo. Su dibujo se hizo muy popular. Al poco tiempo, realizó otro en el que la paloma aparecía volando y que sí transportaba el famoso ramo de olivo. Desde este momento, la representación de la paloma se estableció como símbolo del deseo de paz en el mundo.

Que no, que no, paloma, no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.
Que no, que no, paloma, no,

que así que no trabajo yo.
Que no, que no, palomita, que no,
que así que no trabajo yo.

2. Yo fallo, ¿a favor o en contra? Notas sobre el fracaso

«De pequeño practicaba la marcha atlética. Cuando llegaba a casa ufano le decía a mi madre —¡He quedado el tercero!— a lo que ella me preguntaba —¿Cuántos corríais?—. Sin abochornarme la respondía —Tres.» (Carlos Trigueros Mori)

Panorámica del fracaso

Mi obra en clave de fracaso

Disculpad que hable sobre mi, pero es el caso que mejor conozco de fracasado. Soy un fracasado como artista, como diseñador, como fotógrafo, como editor y como comisario. He fracasado si me comparo con otros y desprecio muchas creaciones aburridas que triunfan, pero que a mi parecer no llegan a los cúlmenes que admiro. En ciertos momentos he transigido realizado obras mediocres para pisar sobre seguro o simplemente para cobrar el trabajo. Esos creo que son mis mayores fracasos. Aunque de todo se aprende. Aun así uno de mis objetos de estudio, indirectamente, es el fracaso (Caras B, Hermes, Mash Up Deads, etc.) dentro de mi amplia indagación sobre el ruido a partir de la premisa «la decadencia no hay que combatirla sino potenciarla porque su intensificación genera nuevas formas». Hermes es el último de mis fracasos. Una película de ficción en vídeo sobre un fracasado con actores no profesionales que se me vino abajo en la tercera jornada de rodaje.

El fallo no es fracaso

El fracaso va más allá del fallo, es más que un error garrafal. El fracaso siempre es personal, desde el punto de vista propio. Sin embargo, los errores o fallos suelen ser del individuo frente a otros. Todos cometemos errores que no necesariamente contabilizan como fracasos. Todos fallamos en algún momento y de alguna manera. Del fallo al fracaso existen muchas escalas intermedias. Cualquiera en algún momento dado se ha considerado a sí mismo como fracasado. Del mismo modo se dan proyectos aparentemente fracasados que simplemente han sido postergados por tiempo indefinido. No están acabados, en cierto sentido fracasados, por no llegar a cumplir las metas impuestas. Lo que no quita que en un futuro se vuelvan a retomar.

¿Qué abarca el fracaso?

El fracaso lo comprende todo, desde un proyecto de vida hasta uno artístico. Según Paul Collins es «fallar estrepitosamente, fatalidad, caer en el desastre, en el ridículo o simplemente en el silencio del olvido». El fracaso puede ser vital, recapitulando desde la vejez, o puede ser tan trivial como un amor de juventud. Según Durkheim, fracasamos cuando nuestra actividad ha perdido todo objeto. En realidad es un proyecto de futuro truncado, al que solo se le pueden atribuir dos resultados: éxito o fracaso. Por eso el olvido quizás podría ser el mayor de los fracasos. Es un fracaso al que todas y todos, sin excepción, estamos abocados cuando llegue nuestra muerte y desaparezcan nuestros conocidos. Existen Don Nadies con gran fama y dinero en su momento pero que no cuajaron en la historia, como el pintor John Banvard. Y lo contrario, el peligroso mito de Van Gogh.

Fracaso en comunidades

A nivel social también se da el fracaso, como integrante de una comunidad uno lo percibe y participa de él. Escribía Durkheim: «Puesto que somos obra [de la sociedad], no puede sentir su fracaso sin experimentar que, en adelante, no sirve ya para nada. Así se forman corrientes de depresión y de desencanto que no emanan de ningún individuo en particular, pero expresan el estado de desintegración de la sociedad». Y continua: «A mayores riesgos hay necesariamente más fracasos y así, las crisis se multiplican justo cuando se vuelven más mortíferas». En las culturas protestantes y en la neoliberal el fracaso es tan pecado como la culpa en la católica. Los protestantes creen que sólo basta creer mientras que los católicos tienen que reflejarlo en sus actos, de este modo los primeros tienen menos límites morales en sus acciones.

Fracaso emprendedor

Desde este sistema capitalista en el que habitamos, heredero del protestantismo, entre «los factores claves del fracaso para un emprendedor», según de Fernando Trías de Bes, se encuentran en la falta de motivación, en el carácter de la persona, en no ser luchador, en contar con las personas equivocadas, en pensar que el éxito solo depende de la idea, en desconocer el sector, en sus urgencias económicas, en no ser conscientes del impacto vital, en no tener mentalidad empresarial, en crear negocios sin beneficio inmediato y en no saber retirarse a tiempo. Además hay que ser conscientes de que «cada éxito conlleva un número superior de fracasados tras la misma idea», según Paul Collins. La mayor parte de estas características las cumplen los artistas. La mayoría suele caer en el empeño.

El fracaso en el arte

Fracasado solo por decidir ser artista

Ya desde que se comienza en el arte se es un fracasado, un suicida. La urgencia vital de dedicarse uno expresamente a la producción de arte es un tabú en una sociedad heredera de prejuicios de un pasado castrante, donde ser abogado, médico o arquitecto eran los oficios deseados para los hijos. Incluso es tabú la autodenominación de artista. Cuando alguien se presenta como artista, al menos en España, popularmente se piensa que uno está ostentando un grado superior a lo que realmente hace. Incluso, con la legitimización institucional de esta profesión a través de la carrera universitaria de Bellas Artes no se ha conseguido erradicar estos conceptos en la opinión pública. Dedicarse al arte es pues una decisión radical, no sólo económica sino social o, más íntimamente, frente a la familia. De repente todos los miedos acumulados en el entorno doméstico sobre el crecimiento personal de ese/a hijo/a afloran.

Ser creativo está bien visto, sin embargo

Autodenominarse creativo no es tabú. De hecho hay puestos de trabajo que se denominan orgullosamente así. Más aún, socialmente hoy en día todo el mundo es creativo. En contraposición ser artista es ser raro en este mundo de creatividad democratizada. En el arte hay un nivel o legitimidad establecido mientras que no existe en el ámbito de la creatividad. Es una falacia lo de la creatividad, cajón desastre donde entrar emprendedores, gerentes, todo tipo de yuppies del marketing, etc. Todavía no existe un «sistema de la creatividad» (por «sistema del arte») que certifica qué o quién es creativo o quién no. Para la cultura neoliberal el arte simplemente son objetos, las personas son creativas (y los artistas unos muertos de hambre inconformistas que erraron en su vocación y dedicación).

Solo unos pocos escogidos son artistas

En el ámbito profesional eres un fracasado si no llegas a la excelencia como artista, incluso no te puedes denominar como tal. Pero si eres médico no necesitas hacer algo espectacular como un trasplante para ser reconocido como profesional. Incluso existen profesiones en las que puedes ser sin ejercer, como abogado, arquitecto, etc. En el ámbito de la cultura si eres artista es más fácil fracasar que si eres mediador, diseñador, investigador cultural, etc. En los puestos periféricos a la obra de arte no se da esa vara de medir calidades, se legitiman a sí mismas por la necesidad de su labor intermediaria y clara funcionalidad.

La teoría de los cuatro círculos del éxito en la cultura

La razón de que solo unos pocos serán los escogidos se resume en la teoría de los cuatro círculos de Alan Bowness (resumida por Paco Roca en La encrucijada):

  1. Abajo del todo, en el primer círculo, se encuentran los artistas que intentan vivir de lo que hacen. Ése es el grupo más numeroso. Sueñan con poder subir al segundo círculo, pero casi ninguno lo logrará y permanecen en el círculo 1 ganándose la vida con un trabajo «serio» y teniendo el arte como hobby.
  2. Los que llegando al 2º círculo son profesionales que viven del arte. Esperan subirse al tercer círculo y alcanzar el reconocimiento, el éxito. Casi todos fracasan en el intento e, incluso, algunos caerán de nuevo al círculo 1.
  3. El 3er círculo representa el éxito comercial, grandes ventas y puede que proyección internacional. Casi todos los que llegan hasta aquí nunca pasarán al siguiente círculo, incluso, la mayoría de ellos caerán al círculo 2.
  4. El cuarto círculo, el más alto, está reservado a las megaestrellas mundiales. Aquí sólo se está de paso, nadie se queda, cuando caes muy difícil volver a subir.

El arte es una de las profesiones con mayor tasa de deserción. De quienes estudian el grado, licenciatura o master son muy pocos los que continúan con una carrera como artista. Habitualmente los que continúan años después son los que ya desde el principio han tenido éxito en elegir donde exponer, concursos premiados etc. Sin embargo, según un estudio difundido por el periódico La Razón, «aquellos que comenzaron en la periferia de la red mostraron una alta tasa de deserción, pero si persistieron, su acceso a las principales instituciones mejoró gradualmente».

La legitimización es la clave del arte hoy

La unión matrimonial popularmente necesita de una certificación pública para su legitimización. «El matrimonio no es, ni puede ser, un asunto privado» (Claude Levi-Strauss). A la producción artística le sucede lo mismo, tiene que se públicamente aceptada, legitimada. Las estructuras que sustentan el sistema arte dependen de ese tipo de reconocimiento que da credibilidad ante el mercado. Karin Ohlenschläger define muy bien estas dependencias del arte y los artistas. «Tanto el arte como la ciencia tienen sus propias instituciones de representación y legitimación. La industria energética, farmacéutica y militar, condicionan el avance de la investigación científica. Por su parte, el arte se inscribe en un circuito de instituciones y mercados, cada vez más influido por los imperativos de la industria del ocio, el turismo y el entretenimiento. En ambos casos, la creciente presión ejercida por la lógica mercantilista tiende a controlar y a limitar la libertad de investigación y creación, marginando todo aquello que no se ajusta a sus prioridades.» Quien no consigue esta legitimización es un fracasado en el arte oficial. Parece que solo eres artista si has jugado en las ligas mayores, si has vendido obra o si has expuesto en Arco o en la Documenta. En el reconocimiento de artista es todo o nada. Evidentemente todos los artistas están condenados al fracaso porque el «todo» es una construcción irreal. Al final parece que solo tienen éxito los que pasan a nivel póstumo a una historia internacional e intergeneracional.

La tiranía de una legitimización corrupta

El fracaso en el arte proviene de no conseguir esa legitimización (conseguirla demasiado tarde). Según la teoría neoliberal es porque no nos esforzamos pero la realidad, al menos en España, es que los legitimadores trabajan con una agenda cerrada de incentivos exclusivos. Intereses íntimamente particulares entre los que no se encuentra la obra, su calidad intrínseca, significado histórico, artístico o teórico, su importancia en el panorama nacional o internacional, etc. Además de los intereses económicos de individuos concretos se encuentran los genéricos, las diferentes burbujas programadas por el capitalismo. Si no estás o sigues la agenda setting, programada por el mercado y la institución internacional del arte, no existes. Esa agenda programática, a la que hay que respetar para triunfar o destacar en el arte, señala qué técnicas o temas a tratar (como el género, decolonización, materialismo especulativo, etc.). Aun así, ante estos impedimentos sociales, para la mayoría de quienes producimos arte el hecho en sí es una experiencia. Aunque la obra no sea aceptada por parte de los organismos típicos de legitimación como las instituciones (museos, centros de arte, etc.), el mercado o la crítica.

El marco de referencia

La clave del fracaso o no fracaso (que no éxito) se encuentra en el marco de referencia. Dependiendo donde se sitúe valoraremos la consecución del proyecto. Por ejemplo, vemos a un tipo sacar agua del mar a la playa, si su intención es vaciar el mar fracasará irremediablemente pero si su intención es hacer ejercicios para fortalecer los brazos está triunfando. Como señalábamos al principio, todo fracaso ha de depender del punto de vista del propio hacedor y no del efecto en la comunidad. De tal modo que las migas desprendidas pueden ser tan importantes como el mogollón emprendido. La imperfección, la infracción de la norma o el desvío del proyecto original puede dar lugar a que algo incorrecto sea lo pertinente, que el fracaso pueda ser bueno. Desplazando el marco de referencia al lugar adecuado puede dar frutos satisfactorios.

La inversión positiva

Pero antes de rasgarnos las vestiduras y pensar en nuestro suicidio, antes de pasar al momento DramaGirl o caer en la depresión por todos nuestros fracasos ¿por qué no pensamos en ellos como en ventajas? ¿Por qué no invertimos las polaridad? Tomando las palabras de un político del fracaso: «Cuanto peor, mejor para todos. Y cuanto peor para todos, mejor. Mejor para mí el suyo. Beneficio político»1, ofrecen la posibilidad de que nuestros errores se conviertan en ventajas, además de definirnos. Si, definirnos. Porque el trayecto que existe entre nuestra propuesta y obras similares se encuentra en cómo hemos fracasado para conseguirlo, o no conseguirlo. Analizándolo llegaremos a nuestros propios tics.

Que el fracaso se transforme en algo emocionante dando lugar a algo inesperado que nos sorprenda a nosotros mismos. Es otro modo de verlo. Antes fracasar radicalmente que conformarse con lo más soso y aburrido. «Antes muerta que sencilla». Porque aunque no consigas una buena obra te puedes echar unas risas. «La perfección imperfecta de la planificación no planificada, de lo inesperadamente esperado» (Erik Kessels). También hay arte en equivocarse.

  • Se puede destacar por fracasos gloriosos o por la gloria del fracaso.
  • La inseguridad también puede contar como fracaso, a diferencia de los creativos en marketing. Pero la duda es positiva, es un pensamiento activo, da lugar a otras posibilidades.
  • El fracaso da lugar a lo inesperado.
  • Se escapa de la tiranía de la perfección (que siempre es fascista), de hecho, hay que buscar las imperfecciones.
  • Ayuda a mantenernos alerta, se les presta más atención
  • Ayuda a rediseñar nuestras ideas, a ser punto de partida para otra cosa.
  • Ayuda a recuperar la ingenuidad (el aficionado no sabe del fracaso porque no conoce las normas)
  • Ayuda a no tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio.
  • Incluso, el fracaso puede dar lugar a la serendipia.

Lo cierto es, como conclusión, que si no se comienza a hacer algo no se puede fracasar. Desde el mismo momento en el que activas estás expuesto al riesgo del fracaso. ¿Es razón esta para mantenernos parados? ¿En tal alta estima nos tenemos que no somos capaces de tropezar? Lo cierto es que quedarse quieto es otra forma del fracaso, quizá la mayor. Es necesario aplicar en nuestras carnes lo que advertía Samuel Beckett: «Siempre lo intentaste. Siempre fracasaste. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». ¡¡Muchas gracias!!

CARLOS TRIGUEROS MORI

Ejercicio colectivo final: Cuestionario esteril

(adaptado de El libro negro del emprendedor por Fernando Trías de Bes)

Si quiere conocer su probabilidad de éxito de su proyecto artístico en una hoja: apunte primero de que trata o su título y vaya sumando los valores de las siguientes preguntas de este cuestionario.

  1. ¿Le hace una ilusión loca, irracional, infinita, este proyecto, la «pone a cien»?
    Si/No (±10 ptos.)
  2. ¿Está entrenado para soportar la presión, tiene capacidad de aguante?
    Si/No (±5 ptos.)
  3. ¿Ha considerado seriamente que pueda fracasar?
    Si/No (±3 ptos.)
  4. ¿Está seguro de que su idea es absolutamente imbatible?
    Si/No (±2 ptos.)
  5. ¿Puede escribir en menos de dos líneas por qué es imbatible?
    Si/No (±8 ptos.)
  6. ¿Tiene ya prevista la difusión de su proyecto/obra?
    Si/No (±10 ptos.)
  7. ¿Se ha planteado cuanto puede llegar a gastarse/desgastarse en este proyecto?
  8. ¿Se ha planteado que tipo de retorno económico puede llegar a tener?
    Si/No (±2 ptos.)
  9. ¿Le chifla el sector del arte?
    Si/No (±10 ptos.)
  10. ¿Es un sector donde usted puede ganar dinero? ¿Es buen momento económico?
    Si/No (±5 ptos.)
  11. ¿Tiene el doscientos por cien del apoyo en casa?
    Si/No (±5 ptos.)
  12. ¿Tiene ingresos familiares suficientes para el doble de tiempo que prevé que tardará en tener beneficios?
    Si/No (±5 ptos.)
  13. ¿Sabe gestionar? ¿Es bueno gestionando y organizando cosas?
    Si/No (±5 ptos.)
  14. ¿Se ha asustado o deprimido en algún momento durante esta charla?
    Si/No (±5 ptos.)
  15. ¿Lleváis la cuenta?
  16. Al acabar este test, ¿quiere seguir adelante?
    No… No sume los puntos. Déjelo.
    No lo tengo claro… No sume los puntos anteriores y tómese un par de meses.
    Si… No sume los puntos y… ¡adelante!

Bibliografía

  • Bowness, Alan. (1989). The Conditions of success: how the modern artist rises to fame. Thames & Hudson Ltd. Londres, UK.
  • Collins, Paul (2002). Gloriosos fracasos. Traducción de Juan Pedro Campos. Barcelona: Mondadori.
  • Cao, Paco (2004). Félix Bermeu. Vida soterrada. Barcelona: Ajuntament de Terrassa y Hangar.
  • Durkheim, Émile (1897). El suicidio. Un estudio de sociología. Traducción de Sandra Chaparro Martínez. Ediciones Libertador
  • Furió, Vicenç (2012) Arte y reputación. Estudios sobre el reconocimiento artístico. Universitat de Barcelona. Barcelona.
  • Gómez, Paco (2013). Los Modlin. Madrid: Fracaso Books.
  • Kessels, Erik. ¡Qué desastre! Cómo convertir errores épicos en éxitos creativos. Traducción de Miguel Serrano y Elena Aranaz. Londres: Phaidon Press Limited
  • Lindworsky, Juan (1978). El poder de la voluntad. Educada según la psicología experimental moderna. Bilbao: Ediciones Mensajero.
  • Navazo Ostúa, Pablo (2018). Procesos de legitimación en el arte contemporáneo: análisis del fenómeno mediático, comercial e institucional del colectivo de los Jóvenes artistas británicos durante las décadas de cambio de los siglos XX-XXI. Tesis doctoral. UCM. Madrid.
  • Roca, Paco y Casañ, José Manuel. (2017). La encrucijada. Astiberri. Bilbao.
  • Sterling, Bruce. (1997). Dead_Media_Notebook. (Autopublicación online). http://gebseng.com/media_archeology/reading_materials/Bruce_Sterling-Dead_Media_Notebook%20-%20.pdf
  • Trías de Bes, Fernando (2007). El libro negro del emprendedor. No digas que nunca te lo advirtieron. Barcelona: Ediciones Urano.

Páginas web

3. El desequilibrio de los números

Números…
Números…

¡Estos son los números y a quién no le guste que se vaya a Rusia… Digo, a Venezuela!

Informe de situación laboral a 2002 de las y los artistas:

  • El 10,3% tenían unos ingresos de 0 €.
  • El 26,2% ganaban unos 3000 €.
  • El 16,2% obtenían unos ingresos entre 3000 € y 6000 €.
  • El 13,4% tenían unos ingresos que superaban los 6000 € sin llegar a los 12000 €.

¡Resumiendo! que el tiempo acostumbraba a ser oro:

El 66,1% del colectivo de artistas tenían unos ingresos que se situaban entre 0 € y 12000 €. Media mensual de la mayoría de este colectivo: 500 €.

Informe de situación laboral a 2017. Creemos en el progreso: ¡Todo mejora!:

  • El 50% percibían ingresos por debajo del Salario Mínimo Interprofesional situado en 707,7 €.
  • El 15%, exiguo porcentaje, podía vivir de manera exclusiva del arte.

¡Noticias desde Francia!… la situación no es mucho mejor:

La mayoría de artistas no llegaban, en 2005, al mínimo de 7038 € anuales para poder cotizar a la Seguridad Social en su categoría profesional.

¡Mire a los muros del Patriarcado mío!

  • El 31,3 % de las artistas censadas eran mujeres en 2006, porcentaje claramente por debajo del 39,4% que constituye la tasa de ocupación femenina global.
  • En el curso 2003-2004, del total de licenciadas en las Facultades de Bellas Artes españolas, el 64% eran mujeres frente al 33% de hombres.
  • A día de hoy el 70 % es el porcentaje de estudiantes mujeres en Bellas Artes, el 68% en Historia del Arte y el 76% en Restauración y Conservación.
  • El 20% de estudiantes mujeres se profesionaliza y sólo un vergonzante 4% son representadas en las programaciones de museos y centros de arte. Datos de 2007.
  • El 20,5% de las exposiciones individuales en centros de arte en el Estado español estuvo dedicada a mujeres y sólo el 9,4% a artistas españolas, según los datos del periodo 2000-2017.
  • Entre 2000 a 2016 en la programación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía sólo han participado en exposiciones 700 artistas mujeres sobre un total de casi 5000.
  • 0 mujeres han obtenido el Premio Princesa de Asturias a las Bellas Artes.
  • Un 25% de las galardonadas con el Premio Velázquez eran mujeres.
  • Un 25% son las mujeres que participan en ARCO.
  • Un 18% de las galardonadas en el Premio Nacional de las Artes y un 21% con el Premio Nacional de Fotografía, son mujeres.

Está todavía por escribir, a día de hoy 2019, el análisis de las condiciones de inferioridad en las que artistas, ubicadas en un ámbito subalterno por su clase social o por estar sometidas a procesos de “racialización”, desarrollan su práctica artística y que, frecuentemente, les imposibilitan la profesionalización.

Mucho se ha escrito de la falta de regularización normativa laboral y fiscal, y no ha servido de mucho.

Algo se ha dicho sobre la visibilización institucional del colectivo de artistas disidentes en términos sexo-genéricos, sin que pase de ser una anécdota que, de cuando en cuando, sirve para ofrecer productos frescos de temporada.

Pero no, ¡no hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando!….

Y esta es la canción: vivimos en el régimen de trabajo bajo el paradigma del capitalismo neoliberal globalizado. Y a menos que una sea una feminista liberal, una integrante del capitalismo rosa, una socialdemócrata que se contenta con una ligera regulación o alguien sometido a los procesos de “racialización” pero que a pesar de ello todavía cree firmemente en los principios de una modernización que construye el sistema-mundo que, finalmente piensan todas ellas en términos de privilegio, habrá que unirse alegremente en la lucha con nuestras hermanas y hermanos precarizados en cualquier sector al que se hallen encadenados.

Números…
Números…

¡Estos son nuestros cuerpos, y a quién no le guste que se joda!

Referencias utilizadas:

Associació d’Artistes Visuals de Catalunya (AAVC), La dimensión económica de las Artes Visuales en España, AAVC, Barcelona, 2006.

Heinich, Nathalie, El paradigma del arte contemporáneo. Estructuras de una revolución artística. Casimiro Libros. Madrid. 2017.

Mujeres en las Artes Visuales (MAV), varios informes [en línea]. Disponibles en https://mav.org.es/category/documentacion/informes/

Mayayo, Patricia, “¿Hacia la normalización? El papel de las mujeres en el sistema del arte español”, en: Ramírez, Juan Antonio (editor), El sistema del arte en España, Cátedra, Madrid, 2010.

Muñoz Vita, Ana, (2019, febrero 18), “La paridad, la asignatura pendiente del arte contemporáneo” [en línea]. CíncoDías. Disponible en https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/02/15/fortunas/1550255017_171812.html?fbclid=IwAR3feYYb24dsNjAkC_Yt8FUDk-hDVq05GBgeIhMagY5dE7HITK7NYtydX9s

Navarrete, Carmen, “Del artista como productor a la feminización del trabajo”, en: Aliaga, Juan Vicente y Navarrete, Carmen (editores), Producción artística en tiempos del precariado laboral, Tierradenadie ediciones, Ciempozuelos (Madrid), 2017.

Nualart, Cristina, (2019, enero 8), “¿Discriminan a las artistas los museos estatales? El caso del Reina Sofía” [en línea]. Eldiario.es. Disponible en https://www.eldiario.es/cultura/Discriminan-artistas-estatales-Reina-Sofia_0_854964807.html

Pérez Ibáñez, Marta & López Aparicio, Isidro, La actividad económica de los/las artistas en España. Estudio y análisis, Fundación Antonio de Nebrija, Madrid, 2017.

4. Taller práctico de iniciación al equilibrismo y a técnicas de clown

  1. Mariano Rajoy, Debate de la moción de censura. 14 junio 2017