Relato: Salida al albergue 2019

Es viernes y a las 19:30 cojo un cercanías desde la Estación de Chamartín a Cercedilla. Línea Verde Oscuro. Una hora y media de viaje en un tren cómo el que me lleva a la universidad, pero de dos pisos. Llegamos y cenamos juntas. No estamos todas. Vamos llegando y decidimos bajar al pueblo a beber cerveza. La actuación de un artista nos sitúa en los márgenes. Sábado por la mañana, desayunamos con algún niño que no tiene siquiera granos en la cara y estando al sol es necesario quitarse el abrigo porque hace mucho calor. Nos reunimos todas de nuevo, hablamos del trabajo que tenemos por delante. Se propone abrir una cuenta de Instagram y publicitar el trabajo del grupo en el interfaz digital. Hablamos de la organización, actividades, ponentes estrella a quien queremos invitar. En esto del arte contemporáneo hay gurús que juegan en diferentes ligas. Coincidimos en un fichaje estrella. Queremos traer a Rosalía. Cerramos asuntos burocráticos y de dinero. Presupuesto, planing y organización. Esto comienza ya. Damos un paseo por la sierra. Tomamos una cerveza al sol de marzo. Respiramos. Vamos a comer. Tomamos café. Comenzamos a trabajar. Primero nos reunimos aprovechando los últimos rayos de sol. Después pasamos a un salón lleno de boy- scout jugando al Parchís. Terminamos en la buhardilla del albergue, rodeados de plantas como en la terraza de una abuela. Damos por zanjado, con dudas, el trabajo. Se hace de noche. Tres millennial deciden huir. No están hechas para el campo. Cena y conversación. Personas curiosas en un lugar inhóspito. Domingo por la mañana. Desayuno de nuevo con niños sin todavía granos en la cara. Puesta en común. Recogemos las sábanas del albergue. Las depositamos en un montón. Cerramos nuestras bolsas. Vuelta a Madrid. Esto es lo más parecido a un campamento que he vivido desde mi infancia. Gracias.